Atención Primaria: Luchar juntos o sufrir por separado

La Atención Primaria resuelve el 70% de las necesidades de los pacientes, y está demostrado que un aumento del número de médicos de familia disminuye la mortalidad.

Los pacientes están enfadados, y con razón. En numerosos centros de salud cuesta mucho que les cojan el teléfono y es muy difícil que los atiendan en persona: en la mayoría de los casos se hace por teléfono. Las citas, especialmente con su médico de cabecera, se demoran 10, 14 días, a veces casi un mes. Sin embargo, cuando entran al centro de salud lo ven casi vacío.

En los servicios de urgencias de los hospitales se reciben muchísimos pacientes con problemas leves, algunos de ellos derivados por sus médicos de familia. Las médicas y médicos de Atención Primaria sienten una gran amargura. No dan abasto, hay pacientes muy exigentes o que acuden por razones que no requieren atención médica. Reciben reclamaciones, tienen discusiones con los pacientes; a veces, amenazas e insultos.

Hay pacientes que piensan que en los centros de Atención Primaria no quieren trabajar. Que tienen los centros de salud cerrados y casi vacíos. También hay trabajadores de los hospitales que creen que en Atención Primaria deberían hacer su trabajo en lugar de derivar casos leves al hospital. Mientras tanto, muchos trabajadores de los centros de salud están hartos de que los pacientes sean tan exigentes, de que vengan al centro por tonterías, de las faltas de respeto y de que pongan reclamaciones a su médico por retrasarse en atenderles pero no las pongan por la falta de personal o por el mal estado de las instalaciones. También de que algunos especialistas de los hospitales hagan pruebas a sus pacientes pero les digan que pidan cita con su médico de familia para ver los resultados.

La calidad de la asistencia que recibimos en los centros de salud ha empeorado. Ser atendido por teléfono, a toda prisa y tras varios días de espera es indigno. Es inaceptable que las urgencias de los hospitales se colapsen con casos leves. Y es absolutamente injusto dejarse la piel trabajando en un centro de salud atendiendo a setenta pacientes al día cuando no deberían ser más de veintiocho, saliendo de trabajar varias horas tarde, doblando turnos, para recibir a cambio quejas y faltas de respeto. Pero no podemos dejar que la frustración nos lleve al error de creer que la causa de esta situación es la desidia de quienes trabajan en los centros de salud y hospitales, o la ignorancia y la maldad de los pacientes.

A pesar de los aplausos desde los balcones de hace un año, en los últimos meses está apareciendo una grieta que separa a los pacientes del personal del sistema sanitario, especialmente en Atención Primaria.

La explicación es otra: se está deteriorando la Sanidad Pública para conseguir que los usuarios se pasen a la privada. Nadie paga dos veces cuando el sistema público funciona bien. Así que, durante más de 15 años, se han estado deteriorando las condiciones premeditadamente, y este proceso castiga por igual a pacientes y trabajadores.

En lugar de establecer un límite de 28 citas al día y 1.500 pacientes por profesional como recomiendan distintas organizaciones científicas, y contratar el personal que sea necesario para cumplirlo, se ha mantenido una falta crónica de personal. Esto se traduce en médicos que atienden hasta 70 pacientes al día. Otro mecanismo utilizado ha sido la precariedad, ofreciendo sólo contratos temporales, de manera que los trabajadores recorren todo Madrid de contrato en contrato, sin poder conocer bien a sus pacientes.

Sin ofertar apenas plazas públicas por oposición, que les permitirían salir de este circuito. La combinación es letal: lo que espera a los trabajadores de Atención Primaria es una sobrecarga de trabajo permanente sin saber dónde estarán unos meses después. Esa es la razón por la que, de los 200 médicos de familia y 68 pediatras que terminaron de formarse este año, sólo se quedan a trabajar en los centros de salud madrileños 11 médicos de familia y seis pediatras.

Por si no bastara con forzar a emigrar a los jóvenes, y aprovechando que en los próximos cinco años se jubilan más de 4.000 profesionales de los centros de salud, sólo van a ofrecer contratos para la mitad de esas plazas. Es decir, perderemos a 2.000 trabajadores sobre una plantilla total de 14.000. Uno de cada siete.

Estamos viviendo los resultados de este proceso. No se encuentran sustitutos con los que cubrir bajas, permisos o vacaciones. Hay varios casos como el del centro de salud de Abrantes en Carabanchel, que llegó a quedarse sin médicos cuando debería tener 14. Con la llegada del verano, la necesidad de trabajadores será mucho mayor. En los meses de julio, agosto y septiembre hay que sustituir temporalmente a cerca del 30% de la plantilla. Pero en lugar de ofrecer condiciones de trabajo dignas que traigan de vuelta a quienes han tenido que emigrar, se cerrarán centros de salud. En la Dirección Asistencial Centro, una de las seis áreas en las que se divide la Atención Primaria en Madrid, de sus 49 centros de salud pueden llegar a cerrar 41, dejando ocho centros para las 1.300.000 vecinas que viven entre Chamberí y Usera.

Esta es la razón por la que en los centros de salud hay tanto retraso en las citas. Como no hay con quién cubrir al personal de baja, el trabajo que ya era excesivo se sigue acumulando. Muchas citas son telefónicas porque de esa manera se puede llegar a atender a 85 pacientes al día, en lugar de los 70 habituales. Más lejos todavía de los 28 que deberían ser.

La Atención Primaria resuelve el 70% de las necesidades de los pacientes, y está demostrado que un aumento del número de médicos de familia disminuye la mortalidad. Al no dar abasto, en lugar de tener un seguimiento frecuente a lo largo de los años por su médica y enfermera de cabecera que conocen sus problemas de salud, muchas de estas necesidades acaban siendo atendidas en los hospitales, por profesionales que les atienden una sola vez sin conocer al paciente y su evolución, y con un gasto de recursos mucho mayor. Los pacientes crónicos acaban empeorando e ingresando en el hospital más a menudo porque no tienen un seguimiento que ajuste su tratamiento para evitar que empeoren. Pasamos de un sistema de salud que evita que enfermemos, a un sistema de enfermedad al que acudimos cuando nuestra salud ya se ha deteriorado.

La culpa de nuestro sufrimiento no es de los pacientes, ni de los trabajadores de los centros de salud o de los hospitales. La culpa es de quienes llevan años destruyendo premeditadamente la Sanidad Pública, agotando a los profesionales para forzarles a emigrar y dejando los centros de salud sin personal para que la atención empeore, forzando que contraten un seguro privado quienes se lo puedan permitir.

Para defendernos de esta agresión debemos luchar unidos, porque si nos enfrentamos a los poderosos divididos y enfrentados, seguiremos sufriendo por separado.

Fuente: Guillén del Barrio | Enfermero de la urgencia del Hospital La Paz y militante del sindicato MATS en nuevatribuna.es

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