Almeida contra el movimiento vecinal

Hoy el enemigo tiene un nombre: CSO La Traba (Centro Social Okupado)

El menosprecio, la descalificación sistemática de las organizaciones ciudadanas de cualquier tipo, vecinales o culturales, y su incesante persecución, acoso y derribo, a través del desalojo y el desmantelamiento de los locales en los que desarrollan de forma autogestionada su valiosa función social, es una manifestación ostensible de la insensibilidad cultural, política e institucional del actual gobierno municipal, presidido por el PP con el apoyo de Ciudadanos y Vox.

Unos locales cedidos temporalmente por el ayuntamiento de Ahora Madrid u ocupados por los propios vecinos, salvando de la ruina social y física unos edificios sin actividad desde largos años. Edificios públicos o privados abandonados como basura urbana.

Cesión sensible e inteligente del anterior gobierno municipal, pero insuficientemente firme frente a un futuro incierto. Ocupación como acto político, desobediencia civil con la que denunciar y hacer pública la desidia de nuestros representantes políticos.

En artículos anteriores he denunciado la falta de sensibilidad de nuestros munícipes, la interpretación retrógrada, propia de un neoliberalismo depredador, de estas organizaciones vecinales insertas y extendidas por el territorio de nuestras ciudades. En este caso, Madrid.

Una incultura cívica, innata en la derecha, moderada o ultra (si aun cabe establecer esta diferencia), que ve en cualquier organización ciudadana, autónoma y autogestionada, un enemigo de su auténtica vocación autoritaria.

Ceguera y sordera cívica incapaz de descubrir en estos grumos de la sociedad la manifestación de una vida democrática real. Unas formas de expresión colectiva en defensa del bien común y que deberían ser respetadas, mantenidas e integradas en la gestión compartida de la ciudad. Una gestión que haría realidad la tan cacareada participación popular, siempre reducida y devaluada a meros trámites burocráticos inoperantes en el acontecer cotidiano de la ciudad.

Por el contrario, la cogestión institucional-vecinal (lejos del mito capitalista del partenariado público-privado) es la única forma de garantizar el “buen gobierno”, tal como lo representa el fresco de Lorenzetti en el Palacio Público de Siena.

Hoy esta política de persecución antidemocrática se hace patente en un acto concreto e inmediato: el desalojo del CSO La Traba del espacio que actualmente ocupa en el antiguo cine Candilejas, en la plaza Luca de Tena.

Una orden judicial asumida por nuestro ayuntamiento, que no ha intentado un obligado diálogo buscando una solución alternativa que permita a La Traba continuar con su beneficiosa actividad social, enriquecedora del barrio y la ciudad, tal y como han manifestado los propios vecinos.

Conozco a algunos de los integrantes de este colectivo y su trayectoria desde que fueron desalojados en el año 2014 de su antiguo local en las naves abandonadas de la calle Batalla de Belchite 14. Un desalojo que contó con la solidaridad de los vecinos que, con su presencia pacífica en la calle, hicieron evidente su apoyo y gratitud por su continuada presencia.

Una presencia que, entre otras muchas actividades, había saneado de ratas, basura y droga las antiguas y abandonadas naves, transformándolas en un lugar para el ocio, la educación, el deporte y, sobre todo, para la fecunda convivencia entre distintos, tanto nativos como inmigrantes, manifestación máxima de una inclusiva sociedad democrática.

La Traba, tras su desalojo en aquellas fechas, se convirtió de facto en el germen de un magnífico y vital Espacio Vecinal Arganzuela (EVA), gracias a la respuesta de un grupo de vecinos de este distrito que vino a llenar con una nueva organización el vacío dejado por los perseguidos y expulsados okupas.

He sido testigo ocasional de la “remodelación” del abandonado cine Candilejas llevada a cabo por los nuevos okupantes y la fructífera siembra de nuevas actividades: una emisora de radio, un estudio de grabación de música, talleres, charlas, eventos o el parque de BMX cubierto más grande de Europa.

Un triste caso más que viene a sumarse a una cadena de agresiones en la que figuran ejemplos como el Patio Maravillas, EVA, La Ingobernable, la Casa de Cultura de Chamberí, etc. Una historia empobrecedora que confirma que no se trata de casos aislados sino de una línea política mantenida y que amenaza con continuar bajo una cínica cobertura burocrática y la defensa de la sacrosanta propiedad privada.

Por todo ello, consciente de mis responsabilidades como ciudadano, a mis ochenta y nueve años manifiesto mi apoyo al CSO La Traba y solicito al Sr. Alcalde que reconsidere esta decisión, abandone su fobia al asociacionismo y medie buscando una solución que permita la continuidad de la actividad de este colectivo.

Haga posible una real participación ciudadana en la construcción física y social de la ciudad.


Fuente: Eduardo Mangada. Arquitecto Socio del Club de Debates Urbanos en nuevatribuna.es

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