Abuelos institucionalizados en residencias sin control

Hay algo que flaquea mucho y es la falta de control que hay sobre ciertos centros residenciales o pequeñas residencias por parte de organismos públicos, por supuesto de titularidad privada, y que hacen y deshacen a su antojo, haciendo publicidad falsa de su “residencia” en internet sin ningún tipo de pudor y engañando a las familias que depositan su confianza en ellos al hacerles creer que sus familiares quedan en buenas manos.

Este artículo va dedicado a un colectivo vulnerable y al que a veces no se le presta toda la atención que se debiera. Me refiero a nuestros abuelos, personas que han nacido en tiempos muy difíciles donde el ciudadano tenía muy pocos derechos y muchas obligaciones; que se criaron en una sociedad dictatorial y opresora donde no existía la libertad de expresión, ni de voto y en la que la mujer estaba totalmente sometida a la voluntad y deseos de su marido y los niños empezaban a trabajar desde bien pequeños faltando a la escuela en incontables ocasiones. Abuelos que lucharon de manera incansable, que aun a día de hoy siguen luchando y muchas veces son de gran ayuda para sus hijos y nietos pero, ¿qué ocurre cuando son ellos los que necesitan nuestra ayuda y por las circunstancias que sean no queda otra que ingresarlos en una residencia? He aquí el quid de la cuestión.

A día de hoy, contamos con ayudas a la dependencia, ayuda a domicilio, centros de día… pero hay algo que flaquea mucho y es la falta de control que hay sobre ciertos centros residenciales o pequeñas residencias por parte de organismos públicos, por supuesto de titularidad privada, y que hacen y deshacen a su antojo, haciendo publicidad falsa de su “residencia” en internet sin ningún tipo de pudor y engañando a las familias que depositan su confianza en ellos al hacerles creer que sus familiares quedan en buenas manos.

Les voy a hablar de un caso concreto que conozco de primera mano. Me refiero a un centro residencial de titularidad privada en Gijón y por lo tanto carísimo. Este centro residencial lleva ya muchos años funcionando. Lo llevaba una mujer y tuvo su buena fama, pero esa mujer se retiró y todo cambió y no para bien precisamente.

El nuevo dueño estudió empresariales pero en lo que se refiere a atención a personas dependientes no tiene ni idea ni ganas de aprender. No respeta, escucha, ni protege a sus auxiliares y no solo atenta contra ellas sino también contra otros residentes. Tampoco protege a sus trabajadoras de familiares maleducados que las tratan como a criadas, humillándolas y desprestigiándolas como trabajadoras, cuando lo único que hacen es esforzarse al máximo para que los abuelos estén bien, como personas que merecen todo nuestro respeto, ya que con su buen hacer, su humanidad y profesionalidad ensalzan los valores de una profesión preciosa aunque a menudo infravalorada.

Ejemplos de mal hacer: en la residencia se obligaba a una residente de más de 90 años, con demencia y con los tobillos hinchados a ir caminando con un taca-taca del baño al comedor “para fomentar su autonomía” mientras iba quejándose de dolor por el pasillo. A otra señora sin fuerza ni para hablar y que prácticamente no se tenía en pie, la obligaban a llevarla al baño andando, teniendo que cogerla muchas veces para evitar que se cayera al suelo. Eso sí, si se hacía una herida siempre era culpa de las auxiliares, que no tenían cuidado.

A otros residentes con úlceras por presión se les tenía sentados horas en un sillón, y cuando se le decía que cada vez iban a más, su respuesta era “eso no es nada, al lado de la herida de fulana o citano es una fiesta”. A otra residente, el jefe le llegó a decir una vez delante de más gente que no le extrañaba que su marido la hubiera dejado ahí, que no la aguantaba nadie. Ustedes se preguntarán ¿ Y qué hacían las auxiliares? Pues mostrar su desacuerdo, pero sin más opción ya que supondría un despido y no todo el mundo puede permitirse el quedarse sin trabajo.

En cuanto a las instalaciones, estas están de pena. El mobiliario es de madera vieja sin tratar y a menudo con polillas; varias tapas de radiadores sueltas, con los clavos puestos, que suponen un riesgo para el residente y el trabajador. El “cuarto de desinfección” es un cubículo lleno de trastos y con las persianas hasta abajo, con olor a humedad y sin ventilación alguna. La lavandería–office tiene puertas de armarios y cajones colgando y el congelador tiene comida en la zona de farmacia. Las calderas cada poco se estropean y hay necesidad de cambiarlas y aunque suponen un riesgo importante, pasan de todo. 

Los menús los diseñan los gerentes según las ofertas del supermercado, por supuesto todo de marca blanca, y sin ningún tipo de criterio médico ni nutricional. Todos los residentes comen lo mismo, con la única diferencia de que si no pueden masticar lo trituran. No hay médico propio ni ATS propio, de hecho obligan a auxiliares a hacer curas, no cambian apósitos contaminados en ciertas residentes con úlceras en el coxis ni dejan hacerlo. Además, no hay ninguna actividad para los residentes, de hecho pasan el día sentados en el salón o habitación, y no hay ni servicio psicológico ni unidad de Alzheimer. Podría seguir pero no quiero extenderme más.

La publicidad es totalmente falsa pero ¿Quién lo comprueba? ¿Dónde están las inspecciones? En nosotros está ayudar a que esto cambie, a que se endurezcan las multas contra esos sacacuartos que atentan contra el bienestar de las personas en general y a velar por el bienestar de nuestros mayores. Hoy son ellos pero mañana seremos nosotros, y al igual que para trabajar en hostelería se exige carnet de manipulador de alimentos hay que exigir que la gerencia disponga de formación para estar al frente de un centro residencial, obligándolos a hacer cursos de formación continua y a reciclarse. Y, de no ser así, poner al mando a alguien capacitado para el puesto.
Fuente: María I. Pérez en elsaltodiario.com
Foto: David F. Sabadell

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