2021, el año que la crisis pandémica nos contagió con nuevas crisis

Barcos atascados, puertos chinos cerrados, facturas de la luz por las nubes y una inflación que no habíamos visto en 30 años. Resumen económico del segundo año de pandemia

Veníamos de un año donde se derrumbaron muchos dogmas y mantras de la economía. Muchos pensaban en este nuevo año como el de la recuperación y donde esos cambios en la política internacional darían paso a un nuevo contrato social global. Pero 2021 siguió mostrando las fisuras de un sistema globalizado y las penas de un sistema capitalista que es capaz de vacunar al 90% de la población del hemisferio norte mientras en África no se alcanza ni el 8%.

El año empezó con unas fiestas navideñas de lo más extrañas. Encerrados en nuestras casas, tal y como nos habíamos pasado ya unos meses de 2020. La campaña navideña se había visto en parte truncada. Los consumidores con ganas de reactivar la economía con sus regalos y ocio navideño veían cómo sus intenciones se frustraban y con ellas se esfumaba la tan comentada recuperación en forma de “V”. Había que esperar, al menos, un año más.

Pero aquello solo era el comienzo de un año convulso para la economía, en la que se inventaron nombres nuevos como “la crisis de los contenedores”, descubrimos que el Banco Malo era malísimo, vimos como el precio de la luz llegaba a cotas que no imaginábamos o en el que el fantasma de la inflación sobrevoló el planeta para hacer saltar todas las alarmas. Pero, sobre todo, fue un segundo año de pandemia donde la globalización nos mostró sus fallas, donde vimos las fisuras que lo muestran como un sistema frágil. Un sistema que o conseguimos que caduque o es muy probable que nos pudramos con él. Vayamos por partes y desde el principio.

Frikis haciendo temblar Wall Street

No todo iban a ser tristezas y el final de enero le trajo unas buenas risas a aquellos que disfrutan viendo sufrir a los especuladores (entre los que confieso que me encuentro). Un grupo que se autodenominó Wall Street Bets hizo temblar los cimientos de la capital financiera mundial y las cuentas de resultados de algunos grandes fondos de inversión.

Aquello fue algo más que una panda de frikis salvando a Gamestop, era un aviso a Wall Street: “Estamos hartos de vosotros y organizados somos muy fuertes”

El motivo fue salvar a la clásica cadena de venta de videojuegos Gamestop. En tiempos bajos y cercanos a la quiebra, unos grandes fondos de inversión entraron en corto, es decir, apostaron a que sus acciones caerían más todavía. Entonces fue cuando este grupo de gente empezó a organizarse en un chat de Reddit. Compraron acciones de manera coordinada y consiguieron que su precio se disparara, provocando pérdidas millonarias a los fondos de inversión bajistas que entraron en caos. Pero aquello fue algo más que una panda de frikis salvando a la tienda donde se habían comprado su primera Game Boy, era un aviso a Wall Street: “Estamos hartos de vosotros y organizados somos muy fuertes”. El todo poderoso Wall Street temblando ante unos aficionados a los videojuegos. Fantasía.

Aquel 23 de marzo

Explicado el episodio gracioso y valiente para que se digiera mejor este resumen anual, pasamos a uno de los días más negros de 2021: el 23 de marzo. Aquel día dos eventos sacudieron la economía pública española y la mundial. En el plano global, un barco se atascaba en el Canal de Suez. Al principio sonaba a chiste y también hubo risas. Sonaba a capitán borracho de vodka que la había liado parda. Pero era mucho más que eso. Aquel barco nos mostró la debilidad de las cadenas logísticas globales. Un primer capítulo, por ser más visible y no porque fuera realmente el primero, de lo que luego se conocería (y luego comentaremos) como la “crisis de la cadena de suministros”.

El 23 de marzo de 2021 dos eventos sacudieron la economía pública española y la mundial

El Ever Given, un súper carguero de los más grandes del mundo de 399 metros de largo y espacio para 20.000 contenedores, se cruzaba en el canal parando el tráfico marítimo de una de las principales vías de comercio mundial. Cientos de barcos tuvieron que esperar a las puertas del canal o tuvieron que rodear África, mientras una diminuta grúa intentaba sacar al gigantesco barco de su atasco. Aquello provocó miles de memes en redes sociales y pérdidas para el comercio mundial por valor de 9.600 millones de dólares al día. La globalización sufría una obstrucción en una arteria.

Estábamos esa mañana alucinando con el barco cruzado cuando llegó el Eurostat y nos dió un bofetón. Ni dudaron ni negociaron, fueron bien claros: la triquiñuela diseñada por el Partido Popular para limpiar de basura los balances del sistema financiero español no cuela. La deuda de la Sareb, el Banco Malo, es deuda pública y se debe contabilizar como tal. De golpe y porrazo, los que lloraban por “la herencia recibida”, nos dejaban una de 35.000 millones de euros. La deuda española, en plena crisis de la Covid, aumentaba del 117% al 120% del PIB en una sola mañana. Los bancos, que son dueños del 55% de la Sareb, resultan tener 0% de responsabilidades. Luís de Guindos, el artífice de semejante estafa a la ciudadanía, sentado en el Banco Central Europeo agachando las orejas y viendo como el marrón se lo come el actual Gobierno.

Fondos europeos y 27 hombres de gris

Meses de negociaciones en la que los llamados “frugales” (Dinamarca, Suecia, Austria y los Países Bajos) siguen tratando al sur de Europa como esos que se gastan el dinero en “alcohol y mujeres”, elaboración del Plan España Puede para enviar al Bruselas por parte del Gobierno de coalición y boicot de Pablo Casado en Europa, el 16 de junio la Comisión Europea aprobaba el Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia de España. España pedía el primer tramo de los 140.000, el que no se tiene que devolver. 69.000 millones de euros que se irán desembolsando si la gestión del Gobierno pasa el filtro de todos los Estados miembro. Cambiamos a los hombres de negro por 27 hombres de gris.

El segundo examen, en este mes de diciembre, lo hemos aprobado. Las instituciones europeas han otorgado a España el honor de ser el primer país al que le aprueban el segundo desembolso, 10.000 millones que deberían llegar en estos días, y felicitaciones por cumplir los 52 hitos marcados.

Pero todo no son rosas en los Fondos Next Generation y el Plan. A falta de conocer los datos de diciembre, el Gobierno de España solo había ejecutado a principios de mes el 43% de los fondos. Muchas organizaciones ecologistas han denunciado que la Transición Ecológica no es tal, sino que se trata de un verdecimiento del mismo capitalismo de siempre y que lo único que hace es apuntalar un modelo que ya no puede vivir sin el chute constante de dinero público. Tampoco sabemos a ciencia cierta cómo de influyente ha sido el querer complacer a los 27 hombres de gris a la hora de negociar las pensiones o la descafeinada reforma laboral. En 2022 se empezarán a repartir y ejecutar a mayor velocidad y esa supuesta transformación verde y digital prometida debería empezar a mostrar algún tipo de avance. Ahí veremos si estos fondos de verdad van a servir para algo o si son un nuevo desembolso de dinero público al sector privado y una nueva pérdida de soberanía frente a las instituciones europeas.

Mal octubre para los evasores de impuestos

En medio de las negociaciones de la OCDE para acordar el Impuesto de Sociedades (IS) mínimo global, el 2 de octubre una nueva investigación periodística volvía a hacer temblar los cimientos de grandes fortunas y riquezas. Los Pandora Papers contaban con 11,9 millones de documentos filtrados al Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación. Vargas Llosa, Shakira, Guardiola, Miguel Bosé y cientos de nombres más de millonarios de todo el planeta. Una nueva filtración que mostraban que más que un escándalo, la evasión de impuestos es un sistema.

Parecía imposible que pudiera haber un acuerdo. Y, de hecho, fue imposible un verdadero texto ambicioso y que de verdad tuviera un efecto real sobre la fiscalidad global y la elusión de impuestos por parte de las grandes empresas. Pero por lo menos, por primera vez en la historia, el 9 de octubre 136 países de la OCDE firmaban un acuerdo para tomar medidas fiscales a nivel global con la intención de atajar la elusión fiscal de las multinacionales y su uso de territorios con una fiscalidad laxa. De paraísos fiscales, vaya.

Llevaban años de negociaciones, pero no fue hasta que el recién entrado en la Casa Blanca, Joe Biden, y su Secretaria del Tesoro, Janet Yellen, apoyaron la medida como una forma de recuperar lo que las grandes tecnológicas habían dejado de aportar a las arcas públicas norteamericanas que no se aceleró el proceso y se empezaron a firmar acuerdos. Y no es casual que Estados Unidos sea el país que más dinero va a recuperar con el diseño del IS global, ni que adherirse al texto obliga a abandonar la conocida como “tasa Google”, que recae mayormente sobre empresas estadounidenses. El balance final podría ser algo así como: qué bien que os hayáis puesto de acuerdo, pero si os quedáis contentos con esto no vais a conseguir nada. El IS mínimo global es un parche que no elimina la ingeniería fiscal, no acaba con las prácticas de erosión de la base imponible o transferencia de beneficios ni con los paraísos fiscales.

Nuevos tipos de crisis

La ansiada recuperación económica se dio de frente con nuevos tipos de crisis, que además trajeron una vieja crisis. La crisis de las cadenas de suministros y la crisis de las materias primas energéticas que provocaron la crisis de la inflación. Vayamos por partes.

Lo del barquito de Suez era solo un aviso de la fragilidad de las cadenas, pero el problema gordo había empezado unos días antes de que en Europa nos diéramos cuenta de que estábamos ante una pandemia mundial que hacía más de un siglo que no sufríamos. Empezó cuando el Gobierno de China cerraba por completo varias de las ciudades industriales del país (por no decir del planeta) y con ellas sus puertos. La fábrica global del mundo cerraba por pandemia y la cadena de suministros globales se paralizaba en uno de sus primeros eslabones. Y que empiecen los juegos del hambre. Poco después se empezaba a escuchar una de las faltas más sonadas: los microchips, los semiconductores. Las empresas de coches o de electrónica de todo el globo se veían obligados a cerrar al carecer de un componente básico para la producción de sus productos. A los microchips le siguieron otras materias más comunes: papel, madera, aluminio y otros metales. Todo era más difícil de conseguir. Había menos para muchos.

La pandemia y esa crisis tuvo como consecuencia otra que también nos sonaba muy nueva: la crisis de los contenedores. Cargueros llenos de esas cajas de metal llegaban desde Asia a los puertos europeos y del continente americano como han hecho sin parar en las últimas décadas, pero esta vez no encontraban materiales para ser rellenados para ser enviados de vuelta a los puertos asiáticos. Por un lado porque China ya no importaba tanto como antes. Por otro porque muchos de esos cargueros y containers se apilaban en barcos esperando para ser descargados o en puertos esperando a camioneros que se los llevaran tierra adentro. En los puertos asiáticos

Y aquí la ley de la oferta y la demanda funcionó perfectamente. Los precios industriales se empezaron a disparar, las materias primas se empezaron a disparar, el desabastecimiento empezó a hacer mella en la oferta de una manera bestial. Arrancó la subida de precios. Empieza la fiesta de la inflación.

Luz a precio de oro

Pero no acababa ahí la fiesta. Un día un titular de periódico decía algo así como “récord en el precio de la luz”. Desde entonces, el precio de la electricidad no ha dejado de crecer. El motivo: una crisis de materias primas energéticas, encabezada por una escalada de precios del gas en toda Europa. Rusia o Argelia disminuyendo el chorro de sus grifos. Los mercados de futuros haciendo el agosto con sus apuestas sobre el precio de la energía.

La Unión Europea sigue mirando como los precios escalan en toda Europa sin cambiar los sistemas de fijación de precios que hacen que el elevado precio del gas arrastre al alza el precio de toda energía

El Gobierno ha rebajado el IVA a la electricidad y otros impuestos a la generación. Pero no ha servido de nada. La Unión Europea sigue mirando como los precios escalan en toda Europa sin cambiar los sistemas de fijación de precios que hacen que el elevado precio del gas arrastre al alza el precio de toda energía y con ella los márgenes de beneficio de las empresas energéticas. Y lo peor es que la electricidad no solo se traduce en una subida en un recibo, sino en una subida de precios en todo aquello que use electricidad para fabricarse, transportarse o venderse, o sea, prácticamente todo. Más inflación.

El fantasma de la inflación

Los suministros que no llegan, la luz por las nubes, los consumidores ávidos de gastar tras meses encerrados en casa y las ingentes cantidades que llevan los bancos centrales inyectando en los mercados desde la anterior crisis han provocado la mayor inflación en 30 años. Europa alcanzaba en noviembre 5,6% impulsado por la alimentación y los combustibles. La inflación subyacente, aquella que se calcula quitando los elementos más volátiles, se encuentra en diciembre en un 2,6%. Unas cifras que en caso de alargarse en el tiempo podrían engullir el crecimiento económico y el crecimiento en los salarios y pensiones.

Los liberales anti medidas monetarias expansivas (o sea anti que los bancos centrales inyecten y los gobiernos gasten dinero para lidiar y recuperarnos de las crisis) pudieron entonar por fin el “ya os lo dijimos”. Solo les ha costado 9 años de darle a la “maquinita de los billetes” desde que Draghi dijo en 2012 aquello de “haré lo que sea necesario”, el cierre de los puertos de China por una pandemia, una crisis del gas y que todos los bancos centrales del planeta redoblaran sus estímulos durante los últimos dos años para tener algo de razón y sacar pecho como un palomo.

El BCE va a disminuir ligeramente el trajín de la maquinita del dinero pero no subirá tipos de interés (el método clásico para controlar la inflación), la FED y el Banco de Inglaterra ha hecho lo mismo y ha dicho que pronto subirá algo los tipos, pero todos van a seguir con los estímulos porque creen que dejar de inyectar dinero y subir tipos de golpe podría dañar la recuperación económica, que todavía es muy débil y no ha llegado a todo el mundo.

Mientras acabo de escribir este resumen anual, China confina a Xuan. Lo que podría provocar nuevas restricciones en la cadena de suministros y, por lo tanto, más inflación

Mientras acabo de escribir este resumen anual, China confina a Xuan, una ciudad de 13 millones de habitantes y famosa por sus Guerreros de Terracota. Lo que podría provocar nuevas restricciones en la cadena de suministros y, por lo tanto, más inflación. Putin ha dicho que Rusia no tiene nada que ver con la crisis del gas y que a él no le miren. Volvemos a batir un nuevo récord en el precio de la luz.

En paralelo a lo malo y por no quedarnos solo con las expectativas negativas, el empleo en España ha recuperado niveles prepandemia. De hecho se ha recuperado antes que el PIB. En Europa parece que, de momento, ya no se habla de austeridad ni de volver a la absurda senda del déficit. Los Presupuestos Generales del Estado vuelven a ser expansivos. 2022 se presenta como el año del todo o nada. Como el punto de inflexión en el que la economía se recupera y conseguimos arrancar un cambio de modelo productivo poniendo el ojo en las grietas de la globalización y el capitalismo o si los asustaviejas de la inflación conseguirán que terminen los estímulos y suban los tipos de interés (y con ellos las cuotas de las hipotecas y lo que pagamos de deuda pública) o si veremos a los frugales y los hombres de gris cortar de raíz las esperanzas de una nueva economía al servicio de las personas. Ojalá en mi resumen del año que viene explique más de las primeras que de las segundas. Hasta entonces, os deseo felices fiestas y una feliz entrada de año. Fuente: Yago Álvarez Barba en elsaltodiario.com

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