A un año sin luz en Cañada Real: “Nunca nos van a apagar”

Al cumplirse el primer aniversario del corte del suministro eléctrico por parte de la empresa Naturgy al sector 5 y 6 de la Cañada Real, familias afectadas y organizaciones que apoyan su reivindicación han relanzado la protesta destacando la fuerza del movimiento vecinal y fijando tres objetivos a lograr: “Luz Ya, contratos para regularizar la situación y poder pagar el consumo. Y una mesa de trabajo y seguimiento para avanzar en la dignificación del barrio”.

Cuando hace un año centenares de familias de los sectores 5 y 6 de la Cañada Real sufrieron el corte del suministro eléctrico, la pregunta más recurrente era “¿cómo vamos a vivir sin luz?”. 365 días después, la autorganización —impulsada en especial por mujeres de origen magrebí— ha convertido a la movilización vecinal en un faro que pretende alumbrar una solución al conflicto. 

Este sábado 2 de octubre, al cumplirse el primer aniversario del día en que la empresa Naturgy con la complicidad de la Comunidad de Madrid y el Ayuntamiento de la capital, dejó a ambos poblados sin electricidad, las familias afectadas y entidades sociales que acompañan su reivindicación, han vuelto a mostrar músculo, relanzando la lucha antes de que la llegada del invierno precipite un drama humanitario similar al vivido el año pasado y en los primeros meses de 2021. “Luz Ya, contratos para regularizar la situación y poder pagar el consumo. Y una mesa de trabajo y seguimiento para avanzar en la dignificación del barrio”, son las tres premisas que se han fijado y hacia ellas apuntan las fuerzas. 

“Hoy, a 2 de octubre de 2021 y a un año desde el primer corte de luz podemos estar orgullosas de nuestros logros. Hemos sido más de sesenta lideresas en este barrio de Madrid, con energía positiva, capacidad de gestión, nobleza y sencillez”, ha destacado la presidenta de la Asociación Tabadol, Houda Akrikrez.

El desafío no es fácil cuando se han tocado todos los resortes institucionales y la solución no ha llegado. Sin embargo, está latente la esperanza de cambiar el rumbo de los acontecimientos. Coinciden las diferentes voces consultadas, en que “se equivoca una vez más la Comunidad si cree que nos vamos a ir, estamos dispuestas a seguir dando pelea”. En todo caso, el plan de reubicación de familias firmado en 2017 por la corporación anterior, no se ha completado y está en punto muerto, sin que haya atisbos de que la iniciativa se retome.

Un año de protestas

Más allá de resultados tangibles, el año de protestas ha permitido a las familias afectadas reconocerse en la lucha y romper estereotipos. “Mujeres de Cañada, nosotras hemos enseñado que lo imposible es posible, somos un ejemplo a seguir, podría decir que somos el modo de la mujer árabe marroquí luchadora. Hemos conseguido muchas cosas juntas, hemos caminado juntas y hemos avanzado juntas y hoy estamos aquí todas juntas, para demostrar que juntas nos cuidamos, y aquí seguimos, en nuestra línea”, ha enfatizado Akrikrez. 

Dos virtudes destacan en la estrategia vecinal. La primera, la inteligencia de sacar el conflicto de los límites territoriales. Aunque la Cañada Real está a solo 14 kilómetros de la Puerta del Sol, se haberse librado la lucha solo en el barrio es posible que no hubiera tenido la repercusión mediática alcanzada.

Protestas a las puertas del Ayuntamiento y de la Comunidad de Madrid y frente a la sede de la empresa, reuniones en Delegación de Gobierno, presentaciones en los juzgados y ante organismos internacionales, o informes médicos y sociales que evidenciaron la violación de derechos humanos, son solo algunas de las acciones que las familias trasladaron al corazón de la ciudad. El temporal Filomena terminó por desbordar la repercusión.

Diversos organismos han exhortado a las autoridades sobre el ilícito que se está cometiendo al prohibirse a las afectadas un derecho que pone en riesgo sus vidas, en especial porque entre las más de cuatro mil personas que sufren los cortes, destaca la especial situación de vulnerabilidad de 1812 menores de edad.

Incluso desde Naciones Unidas se ha pedido al Gobierno español intervenir ante el desinterés evidente de las autoridades regionales. Por ahora, ninguna de las administraciones ha dado la respuesta anhelada, más allá de que a iniciativa del Ministerio de Derechos Sociales y Agenda 2030 se acaba de impulsar un grupo interministerial para trabajar sobre esta delicada situación. El tiempo apremia.

La segunda fortaleza de la protesta ha sido impedir que el conflicto derive en una cuestión de orden público, evitando así la represión policial y una mayor criminalización de un barrio de por sí estigmatizado. Tras unas primeras protestas que incluyeron cortes de ruta y quema de cubiertas, la estrategia ha derivado en reclamaciones judiciales, petitorios y protestas de tono más bien dialogante y en base a argumentos convincentes.

Entre ellas destaca la denuncia presentada por el equipo legal del Centro de Asesoría y Asuntos Sociales (CAES) ante el Juzgado de Instrucción 42 de Madrid contra la empresa Naturgy y la Comunidad de Madrid. Inicialmente archivada, la Audiencia Provincial ha dado lugar al recurso para escuchar el reclamo de las vecinas

“La Audiencia obliga a que se nombre un perito independiente para que haga un informe sobre el estado de la luz en la Cañada Real y por qué se produjo el corte el año pasado. Ese perito se supone que ha aceptado el cargo esta semana y en los próximos días hará su trabajo”, ha revelado el abogado Javier Ruiz, y ha agregado que desde la recién constituida Asamblea de Asociaciones de Cañada Real por la luz, van a elaborar “un informe propio de las vecinas y vecinos para llevar al juez, porque la versión de que aquí se consumé no sé qué y por eso se ha disparado el consumo, es mentira, un año después son argumentos que no se tienen en pie”.

Vivir sin luz

Recorrer el barrio permite vislumbrar un cambio en su fisonomía. Nadie puede asegurar si hay muchas familias que se han ido u otras que, pese a las condiciones, hayan venido a vivir a la Cañada. “No hay que olvidar que en la Comunidad de Madrid el acceso a la vivienda está muy complicado para la mayoría de la población y para las personas humildes, imposible. Entonces, pese a la situación de alegalidad, hay gente que se viene porque no encuentra otro lugar por los precios o porque se dedican a la economía sumergida y no pueden presentar una nómina o un aval. Cañada Real a veces funciona como el patio trasero de todo el mercado inmobiliario que se mueve en Madrid”, reflexiona Rubio.

Un patio trasero pretendido por grandes corporaciones inmobiliarias pendientes de proyectos urbanísticos que desde hace años pretenden quedarse con estos terrenos. Para la presidenta de la Asociación Alshorok y vecina del sector 5, Cristina Pozas, la estrategia de desgaste es clara: dejar sin luz a las familias para que abandonen la Cañada.

Cristina Pozas, presidenta de la Asociación Alshorok y vecina del sector 5: “El Plan de Ordenación Territorial necesita de estos terrenos. ¿Qué han hecho para echar a estas familias de sus casas? Pues muy sencillo, el corte de luz, y además digo que no es culpa mía”

“El Plan de Ordenación Territorial necesita de estos terrenos. Cuando hace muchos años empezaron a derribar las casas hubo mucha lucha vecinal, y es muy violento derribar una vivienda con todos los enseres y personas que allí viven dejándolas en la calle, socialmente no era algo fácil de continuar haciendo. ¿Qué han hecho para echar a estas familias de sus casas sin que sea tan agresivo visualmente? Pues muy sencillo, el corte de luz, y además digo que no es culpa mía, que es culpa de huertos artesanos ilegales y lo que ellos quieran decir. Pero eso no es así”, ha respondido.

En su sector han podido pasar un verano de relativa normalidad. La reducción de potencia que en invierno las dejaba sin luz, en los meses de calor al no haber encendido de aparatos de calefacción les ha permitido tener suministro sin mayores dificultades. Pero el invierno se acerca y si la potencia no vuelve a aumentar, retornarán los cortes.

En el sector 6 el cableado lleva un año sin funcionar, lo que ha obligado a las familias a buscar alternativas. Los techos se han llenado de rudimentarias instalaciones de placas solares. “Es casi poético ver tantas. Una de las zonas más pobres de Madrid convirtiéndose en una experiencia modelo de uso de energías renovables”, se escucha decir a un asiduo al barrio.

Sorprende la cantidad de instalaciones enredadas entre cables en desuso. Pero no son más que un parche, un bálsamo en medio de la desesperación. De allí que en esta nueva etapa de reivindicación lo primordial sea “LuzYa”, la restitución del derecho secuestrado hace ahora un año.

“A quienes las hemos podido poner, que no son todas las familias, en realidad nos sirve para tener lo básico, en mi caso lo fundamental es tener luz por las noches para que mis hijas puedan estudiar, para la nevera, conectar su tablet o el móvil”, explica Houda Akrikrez. El difícil equilibrio que implica aprender de consumos, que si un día utilizan la lavadora o la plancha, quizá llegada la noche no haya suficiente energía para iluminarse.

En ese contexto la solidaridad y resiliencia entre las familias ha cobrado una fuerza inusitada. Prestarse entre todas, colaborar, un esfuerzo colectivo para no caer en el desasosiego generalizado. “Tras un año tan duro me enorgullece ver cómo todos hemos salido adelante en todos los ámbitos y seguimos saliendo de cualquier obstáculo que nos ponen por ser de la Cañada”, afirma Doua, del grupo Juventud en Acción Cañada (JUC). “Hemos conseguido un gran vínculo entre mujeres, vecinas y vecinos de la Cañada, nos hemos hecho más fuertes y nadie conseguirá callarnos hasta que no consigamos lo que nos hemos propuesto desde el primer día: luz y contratos para todos”, ha pedido la joven.

Para Khadija, lo peor ha sido ver afectado su derecho a la educación. “No se nos ha permitido ejercerlo, pero como héroes hemos sabido afrontarlo con mucha fuerza, dolor, lágrimas y días sin dormir”

Para su amiga y compañera Khadija, lo peor ha sido ver afectado su derecho a la educación. “No se nos ha permitido ejercerlo, pero como héroes hemos sabido afrontarlo con mucha fuerza, dolor, lágrimas y días sin dormir. No hemos decidido dónde nacer ni nuestra situación económica, pero lo hemos conseguido. Estamos sin luz, pero nunca nos podrán apagar, la lucha no acaba y todo lo que ha pasado ha hecho que luchemos más y fortalecernos”, ha destacado.

En el barrio todo el mundo habla del problema de la falta de luz. Incluso niñas y niños que se afanan en contar lo que han sufrido y los miedos ante la cercanía del próximo invierno. 365 días después de iniciado el corte, pocas personas como la infancia de la Cañada son capaces de contar con lujo de detalles lo que están padeciendo. Es hora de escucharles.

Fuente: Pablo ‘Pampa’ Sainz en elsaltodiario.com
Foto: Naima sujeta una lampara eléctrica a la puerta de sus casa cinco meses después del corte de suministro en el sector 5. Bruno Thevenin

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