7 Goyas para Dolor y Gloria, liderando la 34 edición de los premios de la Academia

Alejandro Amenábar lo sabía antes de entrar en un irreconocible Palacio de los Deportes de Málaga. «Cuando tienes 17 nominaciones tienes más probabilidades de que acabes etiquetado como el gran perdedor de la noche», le decía entre risas a los periodistas que le felicitaban sobre la alfombra roja.

No se puede decir que Mientras dure la guerra se haya ido de vacío (cinco galardones en total). Pero el que parecía que se iba a convertir en protagonista de la noche -y del año- ha subido al escenario únicamente para hablar en nombre de su ausente actor secundario, Eduard Fernández. La anécdota de Unamuno contra Millán Astray ha sido tan ninguneada como los políticos que disfrutaban de la gala desde la platea. 

Era la segunda vez que un presidente del Gobierno acudía a la ceremonia de los premios más importantes del cine español. Una súplica que, año tras año, el sector pedía en sus discursos criticando un interés inexistente por parte de los dirigentes hacia su séptimo arte. Aún así, Pedro Sánchez ha disfrutado tranquilo de esta 34 edición de los Goya porque apenas ha recibido dardos de una industria que no ha escondido su ilusión con el nuevo Gobierno progresista

«En los próximos cuatro años vas a ser el coautor de nuestro guion, de todos los ciudadanos españoles», le ha interpelado directamente Pedro Almodóvar al recoger su cabezón por el guion original de Dolor y gloria. «Espero que le vaya muy bien porque si a él le va bien, nos irá bien a todos los demás», pero lo cierto es que al director manchego no le ha ido nada mal esta noche. Este sería solo el primero de algunos de los galardones más importantes -incluyendo a Mejor película y Mejor dirección- para una cinta que proyecta tanto triunfo fuera como dentro de nuestras fronteras.

Contradiciendo al presidente de la Academia de Cine, Mariano Barroso, Almodóvar se ha atrevido a recordar que la industria española tiene «zonas muy oscuras». Entre ellas, «el cine de autor, el cine independiente, el cine de fuera de las plataformas» que está «en serias vías de extinción y necesita la protección no solo de su Gobierno, sino del Estado».

La otra gran alegría para Dolor y gloria vendría de la mano de Julieta Serrano, que a sus 87 años se ha metido en la piel de la madre de Almodóvar y los académicos la han premiado por recordarnos a una figura tan mítica como la del propio cineasta. Después llegaría el de Antonio Banderas. «Hoy se cumplen tres años desde que sufrí un ataque al corazón. Me habéis hecho un regalo. No solo estoy vivo, sino que me siento vivo», ha dicho el primer chico Almodóvar con su primer Goya en la mano. 

Pero no toda la fiesta del cine ha estado dedicada a su director estrella, que firma una reconciliación tardía con una Academia que le ha recompensado con solo tres Goyas a Mejor dirección (uno más que Oscars). También han destacado los discursos de los otros dos intérpretes premiados: Enric Auquer como secundario de A quien hierro mata y Belén Cuesta por protagonizar La trinchera infinita, que ha acabado la noche con solo dos premios.

El primero, uno de los rostros más cotizados de este año, ha terminado agradeciendo el premio a «todas las antifascistas» en referencia al aplaudido discurso de Leticia Dolera en los Feroz por su serie Vida perfecta, donde el actor catalán tiene un papel principal. 

Cero contenido político y la ‘ouija’ a Marisol

Por lo demás, la 34 edición de los Goya ha relajado sus reivindicaciones sociales y políticas hasta rozar lo anodino. Los repetidores como maestros de ceremonia, Silvia Abril y Andreu Buenafuente, han hecho gala de su conocido humor blanco a excepción de algún momento ácido e inteligente como la radiografía del momento político actual a través de 16 películas míticas. «La izquierda se enredó en un Laberinto de pasiones por culpa de Los amantes pasajeros hasta que quedaron Los abrazos rotos en los presupuestos».

Han hecho más Ara Malikian por los inmigrantes, Irene Moray (ganadora al corto de ficción) por la igualdad y Juan Diego Botto por el compromiso con la actualidad que todos los premiados con sus discursos. «Un canto a la tolerancia y al derecho a amar a quien uno quiera, con independencia del sexo, la raza o el lugar de nacimiento. Valores en los que, a pesar de cualquier censura, merece la pena seguir educando a futuras generaciones», ha dicho Botto en referencia al pin parental. 

Mariano Barroso, presidente de la Academia de Cine, también ha hecho lo propio en homenaje a los invisibles que no acaparan los focos en la alfombra roja: «Decenas de miles de familias malviven de este oficio donde el glamour es solo un espejismo. Sin ellos, no hay historias que contar. Para eso estamos aquí, no para ser famosos. Y eso nos enseñó Pepa Flores, que encontró su éxito personal cuando renunció a la fama», ha recordado el máximo representante de la Academia. 

Porque esa ha sido la gran paradoja de la gala: durante meses se ha perseguido a una mujer que hace décadas optó por refugiarse del debate público, de la parafernalia de los premios y de los estragos de una infancia arrebatada. Pepa Flores ha visto la gala hoy «en una televisión grande desde su lugar tranquilo». Y así, el mejor consejo de la noche lo ha dado una Marisol fantasmagórica que ni todos los Goyas del mundo han conseguido resucitar.
Fuente: Mónica Zas Marcos en eldiario.es

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *